Leve encuentro con mi espejo roto.

He vivido aquí,
épocas de sayo sin rezo.

Emociones por entrar
a esta pared negra.

Deseo absoluto 
por encontrarme 
con personajes vivos.

Ahora me gusto 
en otras lindes,
dentro de la viudedad
que genera la cambiante
ambigüedad 
de lo inimaginable.

No tengo el cambio
para desearme,
avanzo como un montón
de sal enrojecido.

Sentinas buscadas por ojos fútiles.

Mi boca desea
a espuertas
todas esas palabras
bellas.

Pero escribo con insolencia
la parte oscura de la existencia.

Me he convertido en mala compañía
desde que escribo poesía.

Yo que fui un niño bueno,
agradable, estudioso.

Ven en mi esa parte buena
del maldito amigo,
pero nadie verá jamás
el hambre que provoca
estar apartado del mundo persona.

Afortunadamente, nos vemos todos
en los bares.

Lenguas quemadas con maderas de aluminio.

Corro y sudo sueños.
Me caigo en suelos de amargura,
y entre otras cosas...
me despeño.

Revertida mi llamada
y muy mudo el mensaje
se me agolpa en la cabeza
pequeño fracaso,
a cada instante.

Vendrá, quizá, la montaña
sin piernas,
a aquel que no camina
ni para atrás.

Ahora vendo palos,
que sean otros
los que le den sentidos,
oraciones,
o usos varios de fregasuelos.

Respirando como un salido, aromas que no me pertenecen.

Identifico conmigo
aquello que no poseo.

Es un acto inmoral
de deseo.
Una atracción pornográfica.

Así voy en la constancia
de lo heurístico...
descubriendo sin aprendizaje
mas con interés,
lo que no conozco.

Sintiendo cerca,
la incapacidad
de la rotura
que se ceba
en los atardeceres
naranjas y violentos
de mi elaborado
plan de huida:
soy un suicida
que al atardecer
que se recuesta sobre
una alfombra roída,
dejando que la curiosidad
mate las ganas de muerte.

Siervos de una memoria que jamás rinden homenaje a los que guardan.

Mil dos semillas,
en medio de un parque
el día las ahoga.

++++++

El cuervo desnudo,
abre sus alas a un viento
cargado de muerte.

++++++

Mañana no habrá
nada de lo pedido,
puro egoísmo.

++++++

Cielo que a tientas
lloras, en la paz mortecina
del que pasa desapercibido
todos los días;
a ti aclamamos
en la cobardía
de lo ignoto.

Reestructurando la imaginación de un muñeco de trapo.

Acabo siempre
vendiendo todo
lo que me pertenece
de una manera
intima.

Me vacío por momentos
sin acudir al borde
de ninguna montaña.

No me hace falta
ir, como otros,
hacia el dolor
bonito de las cosas
para vestir el mío
de niño y que agarre
de la mano a los que leen
para encontrar la identificación
con los mismos.

No me hace falta nada bonito
para destrozar,
no necesito montar
un puesto de venta
en la calle, para saber
que lo que no digo,
lo que me callo,
es como un voo-doo
al que cada aguja
le cura un dolor
para empezar otro.

No me hace falta nada
para seguir con esto:
que vacía una jarra,
para llenar un vaso roto.

En mis horas todos los relojes se retrasan en unos cuantos granos de arena.

Tengo todos los giros
en el mismo lado.

Escarbo en mis dientes
para re-cenar esos silencios
o esas palabras que he de tragar,
como orgullo, altivez, mal-genio.

Ahora escucho y no oigo.

Mi soledad son largos paseos
mal diciendo a todo el mundo.

Amaso esta ridícula estampa
y me comparo con los santos.

Aún guardo en mis manos,
todas tus noches de desvelo.

Las dejo escapar como plumas
ensangrentadas, al vuelo,
para que este universo,
sienta la suciedad de la belleza
que guardas en el cosido
de tu humor negro...
brocado insaciable en la espalda.
Mordiscos inmemoriales
con sabor a acetileno.

Inmersiones sobre espacios densos.

Tiembla quieto
el árbol en la noche.

Aviva fuerte la hierba
el fuego ligero.

Recibe con alegoría
la lluvia, el charco solitario.

¿Quién no arde
al sentir esto
mientras lees
a solas una etiqueta
de  cemento?

Mis venas van cargadas
de fuego.
Cabalgo a solas
lleno de silencio.

Hilvanando cerca del nirvana solitario.

Tiembla quieto
el árbol en la noche.

Aviva fuerte la hierba
el fuego ligero.

Recibe alegoricamente
la lluvia, el charco solitario.

¿Quién no arde
al sentir esto
mientras lees
a solas una etiqueta
de  cemento?

Mis venas van cargadas
de fuego.
Cabalgo a solas
lleno de silencio.

No hay retorno cuando decides cruzar una frontera imaginaria.

Dime cuántas catástrofes caben
en la palma de la mano.

Dime... cómo de grande
es esa mano.

¿Una mano puede estar
en cualquier parte
del mundo?

Alrededor del mundo
la pobreza se mueve
como una peonza
con punta afilada.

¿Cogiste el ascensor
y apretaste tu piso?

Hablaste del tiempo,
pero no fuiste capaz
de exclamar a ese desconocido
lo mal que te parece este universo,
inexacto en emociones
tan minucioso en ciencia.

Deséame lo mismo que te deseo.

Abramos juntos las ventanas.

Hagamos que pesen igual los polos,
sin que se derritan las sonrisas
de los osos polares.

Ayer me encontré a mi,
mientras hablaba de ti,
ojalá que te ocurra
con ellos,
al pensar después de hablar.

Te imagino en tu casa comiendo naranjas
mientras recuerdas a tu abuela
cuando eras cría.

Ayer me fui de madre
para recordar a mi padre.

Ayer me quise comprar un cello,
para que mi alma no estuviera sola.

Ayer llevo en el pelo, como una horquilla,
la imagen de todas tus sonrisas.

Esta mañana me desperté
liberado de miedo.

Y al llegar a mi casa,
dejé a esa persona en el ascensor
sonriendo.

Mañanas en las que el frío se filtra por la ropa del armario.

Coincido con el vacío
en el preciso momento
que la duda se expande.

Como la apertura de alas
del ave, que olvidada realiza
su migración solitaria,
me desperezo por las mañanas.

La vagancia me colma el espíritu,
remoloneo en medio de la cama
como el niño que juega en el barro.

Describo mientras el sol
llama a mis parpados,
tu nombre mientras despierto.

Anagnorisis y peripecia. III.

...Porque en ocasiones
la música que escucho,
las flores que miro;
el amanecer,
la verdad absoluta,
la mentira desgarrada
el árbol manifiesto,
la planicie apagada,
las estrellas que caen
al suelo como gotas
de esperma huérfano;
el imaginario encendido,
la muchedumbre alocada,
el carecer de argumentos,
o tenerlos todos...
las azaleas,
el miscanto...
todo es un planto.

Western de ojos tuertos. Diana lejos de Grecia.

Frente a mi,
una muerte.

Doliente,
irreverente,
descarada,
advenediza.

Tras de mi,
una experiencia.

Colmada,
vacía,
a veces arrepentida,
otras corta de acción.
En ocasiones...
desdichada.

Es un duelo
constante...
en medio,
yo.
Mi ego.
Mi decisión.
Pantalla de carne
para las balas
que fabrica el día
a día.

Espero los disparos,
para alimentar estos
pasos, que alimentan
la vida.

Morir a cada segundo es como un largo sueño conseguido.

Todo continúa.
El agua,
la emoción,
los colores
y lo inesperado.

Mantengo
mi nivel
para que la vida
me sorprenda,
en momentos
como este.

Tengo cajas
en casa llenas
de otras mudanzas.

Tengo el corazón
ligero de trastos,
mi alma no vuela
mas se reconcilia
con mis ancestros.

Hablo con mis muertos,
y el mensaje de silencio
se evapora entre mis cabellos.

Contraluces,
grises,
todo resulta
divertido
mientras fumo
el resultado nefasto
de lo decidido.

Talleres que miran al frente, y no ensamblan lo pactado.

Dentro de mi...
eso que fabrica
coches estrellados
recién sacados
de taller....
dentro de mi,
elabora mil
cosas.

Todas rotas.

Quieren
arreglarlas
entre todos
y todas,
las que trabajan
dentro
los que elaboran.

Siguen rotas.

Rotura
de fábrica.
Desperfecto
congénito.
Mal ensamblado.

Aún así,
se lanzan
con ese síndrome
de deterioro
a la vida inconclusa.

No pasa nada.
Se adaptan.
Hay tantos fallos...
errar es algo humano;
un derecho adquirido,
inalienable.

Una esquina en la vida
en la que apoyar la pierna,
y mirar la calle
a esperas de que se solvente
lo que llega.

Esperanza de educar
el fallo, como una forma
indefinida de cariño.

No mirar,
contemplar
mientras dibujas
los pasos, equívocos,
de otros.

Convirtiéndote así,
en taller del destrozo.